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¡Dios nunca llega tarde!

Por Ezequiel Castro


Mi propósito al escribir estas líneas es advertirte, más bien, contarte, sobre una cuestión temporal del obrar de Dios, que ha trabajado mucho en mi vida, y que, a la fecha, continúa siendo un proceso personal. A raíz de diferentes circunstancias que se fueron suscitando en mi formación del ser, se hicieron carne en mí, pensamientos, y actitudes destructivas, por nombrarte algunas, tal vez, las más duras; rechazo, inseguridad, baja autoestima, temores, desprecio, insatisfacción personal, etc.

Creo que he llorado muchísimo clamando a Dios en busca de ayuda, en busca de ese para qué, tratando de entender hacía dónde debía conducir mi vida, porque en ocasiones me sentí vacío, me tiraban con “munición gruesa”, afrontaba los que podía, pero en otras, no le encontraba sentido al tránsito por este mundo, y como si para mí eso fuera poco, me encontré en la famosa temporada del “silencio”, que pienso que todos, en menor o mayor medida, hemos pasado por ella, hemos sentido que Dios se ha olvidado de nosotros, no vemos respuestas a nuestras oraciones ni a nuestras situaciones adversas. Clamamos y clamamos, pero es como si Dios hubiese bajado todas las persianas, apagado todas las luces, para no escucharnos, y es ahí, en ese momento, dónde la derrota se vuelve una realidad sobre nuestra vida. Pedimos de todo; pareja, trabajo, restauración familiar, bienestar económico, buen desarrollo académico, o profesional, y parece que, mientras más oramos, menos respuestas circunstanciales recibimos, y es porque Dios quiere enseñarnos que, su poder, es más grande que las circunstancias, buenas o malas, que nos toquen vivir, y pretenden “patearle” en contra a nuestra fe.

Siempre me decían, no dejes que las circunstancias presentes te hagan creer lo contrario a lo que Dios estableció en vos, no vivas por vista, sino por fe. Transitando tantos procesos en mi vida, puedo decirte que es así. Muchas veces soy desafiado a creerle a Dios por mis convicciones, y no por lo que veo, a entender que el poder de Dios no depende de las circunstancias a mi alrededor, sino de su voluntad. Puedo estar viviendo lo que para mí sea el peor momento, aquel en el que veo todo oscuro, y puedo ver que, Dios fue, es y seguirá siendo Dios, y en su soberanía, hará según su voluntad.

Muchos de nosotros, enterramos dones, sueños, anhelos, talentos, porque esas situaciones adversas nos han hecho creer que Dios se olvidó de nosotros, cuando en verdad, sólo es una cuestión temporal, los tiempos de Él no son los nuestros, muchas veces esas circunstancias presentes quieren hacernos dudar de las promesas de Dios para nuestras vidas, y debemos entender que las circunstancias presentes cambian constantemente, pero la verdad de Dios nunca cambia. Estemos seguros que lo que Dios prometió, se cumplirá, no hay nada, pero absolutamente nada, que haga detener su cumplimiento sobre nosotros.

Así como Abraham esperó veinticinco años por Isaac, así como él espero para ver cumplida la promesa de Dios, así te animo a que hagas hoy con lo que Dios te prometió, no te centres en la foto del momento, no dudes en clamar por aquello que un día recibiste, no creas que Dios demora en cumplir sus promesas, Él no demora, Él llega justo a tiempo, así como Abraham pudo haber creído que no recibiría lo prometido, en el momento indicado, en ese momento perfecto y diseñado por Dios, recibió lo prometido. ¡Dios no depende de tus circunstancias adversas, tus circunstancias adversas dependen de Dios!

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